Sin título
Me he levantado hace una hora de la cama y la niebla era espesísima, nada había tras las ventanas de la casa.
He
buscado un analgésico, he metido en el CD el “Oratorio de Navidad” de
J.S.Bach, he prendido el primer cigarro de los 60 que hoy me aguardan,
me he sentado en un sillón (no me gustan los sofás), y me he regalado
unos minutos que me tenía prometidos a mí misma.
Relajada mi
respiración, me he quedado simplemente perdida en la obra y con la
mirada al exterior. Despacio, muy despacio, el sol ha ido besando cada
hilo de niebla, enamorando su densidad y fundiéndose con ella. El
milagro se ha producido y la temperatura me ha rozado el rostro, las
manos, los pies desnudos. Los tejados, los árboles del parque, el
jazmín, el ciclamen, la hiedra y las parras, la gardenia de la terraza,
se han manifestado en la luz.
Siempre estuvieron; aún a pesar de la noche y la niebla.