Sin título
A la media noche; yo bajando, él cuesta arriba, me cruzo con su barba y su cabello de coco limpio, aun jugoso en sus más de setenta y cinco años.
Refiriéndose al bar de barrio, me dice:
—Te he echado de menos esta noche.
—¿Sólo esta?
Sonríe en volumen audible, sin ser carcajada.
—¿Por qué no has venido?
—Hay pocos taburetes, Antonio, y ya voy envejeciendo.
No hay despedida.
Prosigo mi cuesta abajo. Prosigue su cuesta arriba.
26/08/2005 · 10:16