a Ella que nunca se va
Había momentos, no hace tanto tiempo, en los que a cada viaje tuyo me recordabas lo mismo: “no, no me voy. ¿No te das cuenta que sigo estando en la misma cercanía, que sigo estando contigo?”
Esta noche he pensado que ya no eran unas cuantas paradas de la línea 7, que ya no era decirte: “estoy en la esquina de tu casa, baja, tomamos una cerveza, charlamos…”
Esta noche pensaba eso. Ya no.
Ya no.
¿Y sabes? No siento ninguna etapa de la vida acabada; lo que siento, mi querida paqra, es una etapa vivida, y otra por vivir, y otras, y más.
No se cierran puertas tras de ti.
No se escriben epílogos.
No se clausuran espacios.
Nada hay que devolverse, y todo esta por dar. Todo por mirar. Todo por ser. Todo por seguir buscando.
Lo externo cambia, así debe ser. Lo interior crece, no se permuta, no se especula, no se trafica ni se comercia. Aspira y pretende, se purifica y ennoblece. Se multiplica en el otro.
Estoy feliz por quienes tendrán tu presencia; estoy feliz porque alguien más, como yo la sigo teniendo, la tendrá.
Estoy feliz, porque me has enseñado a no irnos.