AQUELLOS OJOS
a C.J
Detrás del velo pardo, el azul de sus ojos clareaba.
Eran aquellas aguamarinas cada instante, menos piedra y más fluir.
Amal mesaba su barba más pensativo que violento: ¡Aquellos ojos!...
Su barba negra. Su pelo cano. Sus hombros viga. Su vientre cántaro. Sus piernas pilares. Su boca, sus labios…
Apretó los puños, Amal, y maldijo sin blasfemia mientras sus pies trazaban un círculo encerrándose.
Los ojos de ella comprendieron, se entornaron.
¡Aquellos ojos! ¡Aquellos ojos!, quince años tenían la primera vez que vieron a Amal entre sus brazos;
acarician el rostro del hijo, el hombre que hoy cumple dieciocho.
23/12/2005 · 01:19