de Miguel de UNAMUNO : SOLEDAD
[...] ¡Pobrecillo! Luchó y luchó lleno de ardimiento y de confianza; saltó al campo de la liza llevando en la mano el corazón, que le cantaba de esperanza: bajo a la arena entonando rimadas canciones; se presentó poeta. Y las gentes le dijeron: “Tú, ¿y qué nos importas tú?” Y entonces el pobre, soñador de la gloria, se recomió por dentro y se encerró en su cuarto y se dió a roer librotes viejos, y con tan indigestas tomas ahogo sus íntimos sentires, y luego volvió contando a los viejos cosas viejas en estilo viejo, y fué admitido. ¿Era ésa, dinos en puridad y sin mentira, era esa la llegada a que aspirabas a llegar? ¡De poeta a crítico! ¡Terrible hundimiento! ¿Es qué no había un poeta en ti? Sí lo había: pero te ahogaron. A esos bárbaros les carga la poesía [...]