de Mario Cuenca Sandoval: Miedo a volverse de hielo
Si me vuelvo de hielo,
si me lleno de espejos,
promete que harás algo con tus manos,
un truco, un sortilegio, qué sé yo.
Prométeme el deshielo, recupérame
no sé con qué febril sabiduría.
Con tus labios calientes como pan recién hecho.
Con tu trenza de luz tendida desde el aire.
No olvidemos que hay hombres que parecen
estar hechos de frío. No olvidemos
que hay hombres como tumbas.
Y por eso el amor les viene grande.
Y por eso no entienden la manzana.
Estarán imantados por la muerte,
o qué se yo (la muerte es tan magnética…).
No olvidemos que hay hombres de fósforo y tristeza;
un instante de brillo, pero dentro no hay más
que otra repetición callada de sí mismos. Y por eso,
si me lleno de espejos,
si me vuelvo de hielo,
promete que otra vez, una vez más tan sólo,
tu escarmiento de luz me dará forma.
(De Todos los miedos, Renacimiento, Sevilla, 2005)