de Raúl ACOSTA: Testigo
CERRAZÓN
Hay un hombre que llora en la biblioteca.
No soy yo, que solamente miro.
Tengo miedo,
quisiera saber sobre qué libro,
en cuál página, qué verbo lo destina,
lo lleva a quedar quieto, mojándose,
sin habla.
Es una biblioteca. No me llena
el pecho el coraje.
Cuando cae me levanto.
El guardián lo alza, se lo llevan, sobre hipos
y lamentos. Acomodo sus papeles,
soy mentira. Con mis ojos leo
y releo la página.
El poema,
en una sóla línea, confiesa
el imposible que resisto,
al que me niego.
No hay padre, solo hijos.
No hay firma, datos, nada.
El libro se deslíe.
Pronto cerrarán el sitio.
Demasiado húmedo…
el asunto empeora,
día por día.
Enviado a adamaRamada ediciones. Publicado con su consentimiento
18/09/2007 · 01:02