de J. R. JIMENEZ: MAR INMENSO
No es roja, pero tiene rojo el ardor esta noche de luna con mi dios; y las olas son
llama sin ser rojas. Un fuego interno la traspasa y traspasa y trasluce su estela,
caminante detrás de mi camino seguidor, caminante delante de su amante.
La luna ¿es la conciencia, deseante también de lo distante que se acerca para
tenerme mi diamante?
Conciencia en baja luna, deseante conciencia de lo distante, ahora que se acerca
por no dejar de ver el sol de mi diamente.
Diamante de verdad es el que tengo esta noche en mi vida, noche de gran verano
hacia mi invierno. Se me acerca la llama conseguida, la llama conocida, la llama
consentida, del lejos que se va quedando, que se va borrando.
Y este ardor ¿no es su vida, no es mi vida, no es la vida que se viene conmigo
por el cielo, para ganar mi paso por el suelo del agua, a acompañarme mi desvelo con
sed de corazón, reconocida?
Bien penetrado vengo del cariño de lo que yo prendí com mi presencia. Yo le
puse en su flor una vehemencia tan grande, mi conciencia de niño; fulgor de niño en
seno grande, sol, conversión del amor impetuoso en fuente de mirífica inocencia.
Inocencia, esa agua que es demencia en inmamencia que pasa y que traspasa la
existencia y la renueva con rubor intenso.
Por dios viene a mi amor la luna en mar inmenso.
De Dios deseado y deseante, Madrid, 1964.