Vae Victis

¡Ay de los vencidos!

[Orquídeas secas - Francisco Javier Garín]

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Ilustración: Francisco J. Garín §
Diseño: Joaquín Bernal §


de León FELIPE: Poética de la llama (1942)

Riman los sueños y los mitos con los pasos del hombre sobre la Tierra. Y más
allá y más arriba de la Tierra. Nos lleva una música encendida que hay que aprender a
escuchar para moverse sin miedo en las tinieblas y dar a la vida el ritmo luminoso del
poema.
Mis versos tal vez no sean por ahora, más que una fecha y un incidente que yo
recojo atento para que no se extravíen en la brisa primera de la aurora poética que viene.
No son poemas todavía, es verdad. A veces no son más que biografías. Pero la Poesía
se apoya en la biografía. Es biografía hasta que se hace destino y entra a formar parte
de la gran canción del destino del hombre.
Un escrito sin rima y sin retórica aparente se convierte de improviso en poema
cuando empezamos a advertir que sus palabras siguen encendidas y que riman con luces
lejanas y pretéritas que no se han apagado y con otras que comienzan a encenderse en
los horizontes tenebrosos.
De esta experiencia han de salir los principios de la nueva Poesía del futuro, que
tal vez podamos llamar algún día la Poesía prometeica de la llama. La llama es la que
rima. Un día la Poesía será un ejército de llamas que dé la vuelta al mundo; Prometeo
será legión, y muchedumbre los que trabajan con el pecho abierto y la palabra
encendida. Encendida y aprendiendo su lección de las estrellas. La retórica del poeta
está escrita en el cielo.
Los sueños, los mitos y los pasos del hombre sobre la Tierra se llaman y se
buscan en la sangre y en el cielo hasta encontrarse en una correspondencia poética,
como el tintineo luminoso y musical de los versos antiguos que se besaron y fundieron
para siempre en los poemas ilustres.
Lo que fue ayer un toro ya no es más que una constelación. De aquí nací yo.
Aquí estuvo mi origen. Y aquí está ahora mi destino: con signos poéticos escrito en la
sangre del mundo y en la cartografía de los cielos.
No lloro por mi patria perdida. Todo se traslada y se levanta. La metáfora se
mueve y asciende por una escala de luz.
Francia, el gallo, voló sobre el sol, y del estiércol se alzará un día una bandada
de poemas.
Hay ondas sombrías en la mente del hombre que rompen en las playas azules de
una estrella y revierten más tarde, como un relámpago divino, sobre los mismos surcos
de la frente.
Y gritos opacos y blasfemos que vuelven a la boca en un eco agudo y jubiloso
de luz.
Y hay voces de tragedias antiguas que me siguen para que yo las defina con mi
sangre, porque sólo con la sangre podemos hablar de los que vertieron la suya por
nosotros, antes de que nosotros diésemos la nuestra por los que han de venir.
Abro la puerta roja de mi pecho para dar de beber a las estrellas, y la sangre mía
que se llevan es la savia por donde voy ascendiendo al elevado reino de la luz.


De Ganarás la luz, México, 1943

27/10/2007 · 13:54