Vae Victis

¡Ay de los vencidos!

[Orquídeas secas - Francisco Javier Garín]

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Ilustración: Francisco J. Garín §
Diseño: Joaquín Bernal §


El primer unicornio

EL PRIMER UNICORNIO

Su verdadero origen yace en la hondura del Tiempo, en ese Principio sin principio cuando todo era desierto y vacío, oscuridad y niebla. Entonces decidió el Santo Único apartar la oscuridad de la luz. Así se estableció concordia y equilibrio, con la tiniebla expulsada al límite exterior y la Morada de la Luz en el mismo centro de todo.
Pero lo oscuro, apenas situado y librado a sí mismo, adquirió peso más allá de toda ponderación, se introdujo en las cosas y las empezó a arrastrar hacia sí conforme a sus inclinaciones.
El equilibrio empezó a temblar, por lo tanto, y de ese temblor emergió una resonancia, un sonido atemorizador que circuló por el vasto vació como canto poderoso. El Santo Único modulaba ese sonido para convertirlo en un acorde de gran dulzura, y le infundía inteligencia para que pudiera convertirse en espíritu de armonía y en conductor de todos los rincones del vacío. Éste, el poderoso espíritu llamado Galgallim, giró y giro a través de inumeradas edades, siempre en espiral en torno a la luz central. Y aunque algunas cosas continuaban cayendo en lo oscuro, Galgallim guiaba a otras por un sendero menos definido a las riberas de la Luz. De este modo el equilibrio seguía manteniéndose.
Entonces el Santo Único quiso contar con un panel donde desplegar su gran arte; ente la ribera de la Luz y las murallas de lo oscuro dejó colgar a la Tierra en equilibrio. Encendió sus montañas desnudas y en ellas esparció brillantes gemas que aún reflejan esas llamas.
Entonces, el Santo Único habló al espíritu conductor, a Galgallim, diciendo: “Te he hecho a partir de los ocultos golfos, libre y con forma ilimitada. ¿Aceptarás una forma en la Tierra y así prestar un servicio aún mayor?”
Y mientras la pregunta aún se formulaba, así era acordado.
Llegó envuelto en una nube, impulsado por un blanco torbellino. Descendió con suavidad desde los cielos a los campos infantiles de la Tierra, aún antes que sus fuegos iniciales se hubieran extinguido. Posee entonces el Unicornio el brillo de la Luz, y puede apartar de sí toda oscuridad, toda tinebla. Se lo llamó Asallam, el primer Unicornio de los nacidos, criatura de conformación temible y para contemplar hermosa, dotado de un cuerno de luz en espiral, señal de Galgallim, el guía.

De la naturaleza del cuerno
El Cuerno es aun más antiguo que su base.
Ha sobrevivido al fuego y a las inundaciones,
y soportado el tacto de reyes y de santos.
Es un talismán de poder soberano
que incluso puede atraer al Unicornio viviente.
Pero esta es su advertencia:
su fuerza y virtud solo se pueden activar
por obra de su verdadero propietario.
Su luz disminuirá hasta extinguirse
si está en manos de otro.

En el Cuerno reside la historia total del Unicornio. Su forma es una espiral: las dos mitades, o flautas, se enlazan entre sí. En su juventud –o como mida el tiempo el Unicornio – el aspecto del Cuerno es suave y simple. Las flautas, apretadas como hilos de una cuerda, manifiestan cierta energía vibrante y compacta.

A medida que el Unicornio va viviendo, el Cuerno experimenta una transformación notable; la espiral se alarga retorciéndose sutilmente. Esto ilustra bien la índole viviente del Cuerno. En la plenitud de sus años, los giros del Cuerno de esta criatura son aún más relajados. Ya de edad muy avanzada, el Cuerno adquiere surcos y grietas que son el grabado signo de las lecciones que ha experimentado.

El Unicornio parece considerar su Cuerno como el recipiente o el cauce de sus pensamientos, o quizá como el órgano de un sentido ignoto.

La duración del Unicornio sobre la Tierra es mucho mayor que la del Hombre. Pero está sujeto, como todo lo creado, al tiempo, a la edad, a la final disolución.

Lo hermoso del Hombre está sujeto a la decadencia: cada año deja su huella hasta que el cuerpo mortal termina en polvo. No así el Unicornio: los años incontables no afectan su belleza; su crepúsculo es tan bello como su alborada. Pero cuando muere, al fin, perece todo y de una vez; ya no se lo ve en dimensión alguna hasta el fin del Tiempo. Su partida deja, sin embargo, monumental recuerdo: su Cuerno, adamantino, cargado de fuerza y virtud mortíferas.

Sólo de este modo se puede obtener un Cuerno, pues no existe brazo fuerte ni red de brujería que pueda arrancar el asta espiralada de su viviente dueño.

Así, pues, de todos los aspectos del Unicornio el que más impresión causa en la mente del Hombre es el Cuerno, espiralado, solitario, grande y poderoso. Y así debe ser, pues el asta es su talismán y su marca distintiva. En ella se concentra su fortaleza, sabiduría y sutil entendimiento. El cuerno es exterior y visible, pero también es la forma mística e inasible de esta criatura.

El Cuerno no está inclinado ni hacia atrás ni hacia delante; recto, se alza directamente de la frente de la creatura, poco más arriba de los ojos.

De tonalidad brillante y más blanca que la nieve, más suave que el marfil, vibra de vida, sin embargo, aún más que la carne mortal; abriga sentidos de muy largo aliento. Ocupa al mismo tiempo ésta y otras dimensiones, y por ello es capaz de penetrar cualquier sustancia.

En horas de peligro o de prolongada concentración, el Cuerno puede exhalar cierto brillo o un suave resplandor

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27/12/2007 · 13:42