Sin título. del libro: Ludir hasta la llama. Madrid. 1979
Que estaba muy cansada. Tan oleosa que de las manos
resbala. A si es que todo quemazón y un intento de aullar.
No hay dimensión más abanto que este cuerpo, y la piedad
lo único que resta.
El paladar sin explorar, pero seguimos sin medios.
Yo esperaba lo mismo de siempre, pero mis rezos no fueron
atendidos; sin embargo tú, pero ya sabes, las invasiones
tienen siempre sabor a norte y a invierno.
No sé como decirlo, pero creo que me estoy muriendo
11/04/2008 · 12:04