Vae Victis

¡Ay de los vencidos!

[Orquídeas secas - Francisco Javier Garín]

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Ilustración: Francisco J. Garín §
Diseño: Joaquín Bernal §


de Robert DESNOS: De la rosa de mármol a la rosa de hierro

La rosa de mármol inmensa y blanca estaba sola en la plaza desierta donde las sombras se prolongaban hasta el infinito. Y la rosa de mármol sola bajo el sol y la estrellas era reina de la soledad. Y sin perfume la rosa de mármol sobre su tallo rígido en la cima del pedestal de granito chorreaba entre todas las olas del cielo. La luna se detenía pensativa en su corazón glacial y los deseos de los jardines los deseos de mármol a sus pétalos venían a probar sus senos fríos.

La rosa de vidrio resonaba en todos los ruidos del litoral. No era un sollozo de ola quebrada que la hizo vibrar. Alrededor de su tallo frágil y de su corazón transparente los arco iris giraban con los astros. La lluvia resbalaba en bolas delicadas sobre sus hojas a las que a veces el viento hacía gemir con espanto de los arroyos y de las luciérnagas.

La rosa de carbón era un fénix negro que la pólvora transformaba en rosa de fuego. Pero sin cesar nacida en los corredores tenebrosos de la mina donde los mineros la recogían con respeto para transportarla durante hacia el día en su sangre de antracita la rosa de carbón velaba a las puertas del desierto.

La rosa de papel secante sangraba a veces durante el crepúsculo cuando el atardecer a sus pies venía a arrodillarse. La rosa de secante guardiana de todos los secretos y mala consejera sangraba una sangre más espesa que la espuma de mar y que no era suya.

La rosa de nubes aparecía sobre las ciudades malditas a la hora de las erupciones de los volcanes a la hora de los incendios la hora de los tumultos y por encima de París cuando la Comuna allí mezcló las venas irisadas del petróleo y el olor de la pólvora. Ella fue bella el 21 de enero bella el mes de octubre entre el viento frío de las estepas bella en 1905 a la hora de los milagros a la hora del amor.

La rosa de madera presidía los patíbulos. Florecía en lo más alto de la guillotina y después dormía en el musgo a la sombra de los hongos.

La rosa de hierro había sido batida durante siglos por los forjadores de relámpagos. Cada una de sus hojas era como un cielo desconocido. Al menor golpe ella producía el ruido del trueno. Pero qué dulce era a las amantes desesperadas la rosa de hierro.

La rosa de mármol la rosa de vidrio la rosa de carbón la rosa de papel secante la rosa de nubes la rosa de madera la rosa de hierro volverán a florecer siempre hoy están deshojadas sobre tu alfombra.
¿Quién eres tú? tú que aplastas bajo tus pies desnudos los restos fugitivos de la rosa de mármol de la rosa de vidrio de la rosa de carbón de la rosa de papel secante de la rosa de nubes de la rosa de madera de la rosa de hierro.

Traducido del francés por Gonzalo Hernández Sanjorge

20/08/2008 · 10:50 - Editar