En Jerusalem ( DOLOROSA)§
(...)En el mundo que me fue dado, las
consecuencias no siempre procedían de causas, y las causas no siempre
servían de puntos de partida claramente fundados. Así pues, la lógica
que trataba de acceder a las causas por la vía de analizar las
consecuencias era una lógica errónea en este mundo.
En mi opinión, el mundo que me fue dado carecía de toda lógica.(...)
Editorial ALFAGUARA. pg 47
de J. PREVERT§
Has mirado la más triste la más lúgubre
de todas las flores de la tierra.
de Paul CELAN (Nadie, no olvides…)§
Nadie, no olvides, nadie
se laceraba escarbando por caminos
del corazón en tus tiernos adentros.
Hasta que una palabra salió de tu boca
reservada y resilenciada:
con ella, no lo olvides, vives tú,
de ella te crece la fuerza
de escucharme cuando te digo:
ven, yo te quiero,
yo no te quiero amar.
Traducción de Jose Luis REINA PALAZÖN. Ediciones TROTTA
de Chantal MAILLARD (Benarés)§
Me apuntaron a mí, pero ahí donde llegó el dardo
no había nadie. ¿o sí lo había?
Yo acechaba, detrás de un árbol.
Vi. algo caer.
de Clara JANéS (Carta III)§
Nunca sabré de ti,
y eso lo supe
desde el primer encuentro.
Esta certeza tiene tanta fuerza
que es
como si tuviera noticias tuyas
a cada momento.
de José GARCÏA VERDUGO§
Hace poco leí un texto muy corto de Clarice Lispector (escritora
brasileña) en el que decía que detrás de cada palabra que escribía se
escondían muchas otras palabras. Eso me recordó la descripción que hace
Saramago de la forma en que escribía sus poemas Ricardo Reis (“El año de
la muerte de Ricardo Reis”): un verso al día, a veces sólo una palabra en
varios días. Dejaba el papel y la pluma sobre la mesa, bien a la vista.
Al día siguiente corregía la única palabra que había escrito el día
anterior porque su estado de ánimo había cambiado. Y detrás de cada
palabra de los poemas de Pessoa (Ricardo Reis es uno de sus heterónimos o
seudónimos) uno siente efectivamente la presencia de miles de palabras
que el poeta nunca escribió. Esa es la magia: esconder las palabras con
palabras, pero esconderlas de esa forma sutil que no las deja ocultas del
todo. Sugerir, invitar.
En Lista: ESCRITURA CREATIVA 19/03/04
Sin título.§
Desear haber estado allí.
Ese día, a esa hora.
Varias oportunidades perdidas
Manuel CRUZ (Con Perdón)§
(...)Desafortunadamente, la idea de perdón
lleva mucho tiempo envenenada. El perdón constituye, junto con la
promesa, uno de los gestos que mejor define la condición humana.
Perdonar tiene algo, en sus orígenes, de rechazo a la fatalidad de lo
ocurrido. Cuando decimos “lo pasado, pasado”, estamos afirmando no sólo
que del pasado lo único que podemos hacer es irnos olvidando, puesto
que no hay forma de que vuelva, sino también que es la realidad más
sólida, más firme, más inalterable que podamos concebir, como viene
expresado en el viejo refrán popular “el pasado puede más que Dios”.
Así las cosas, perdonar tiene algo de rechazo, de enfrentamiento a la
dictadura del pasado, a su aparente irreversibilidad. Es como si el que
perdona le dijera al mundo: “Esperad un momento, que sobre este asunto
todavía me queda algo por hacer”.
Eso que le queda por hacer al
que perdona pertenece a un orden específico. Por decirlo con las
palabras que utiliza Javier Sádaba en su libro El perdón, en el gesto
de perdonar se expresa la soberanía del yo, que, en su plena autonomía,
se enfrenta a otro yo. De hecho, cuando empezamos a ejercitarnos en la
práctica del perdón, una de las primeras cosas que nos suele sorprender
es la incomprensión ajena. “Pero, ¿cómo has podido perdonar semejante
cosa?”, se nos suele decir. En tales momentos empezamos a ver la
diferencia de perspectivas: esas terceras personas nos plantean su
recriminación desde un punto de vista (por ejemplo, el de algún
legítimo derecho que nos asistía y al que estamos renunciando) que poco
o nada tiene que ver con la naturaleza del perdonar.
Y es que
el perdón fundamentalmente significa, utilizando la definición de
Butler, la supresión del resentimiento. Perdonar, por tanto, no
equivale a olvidar (por más que tantas veces se equiparen ambos
términos) ni a absolver. El perdonado no se torna inocente tras el
perdón. Puede quedar, si ello está en manos de la víctima, eximido del
castigo, pero ello no resulta forzoso. Quien perdona no renuncia a la
memoria, sino al odio (tal vez porque, como señalaba Arendt, se perdona
a la persona, no lo que ha hecho). Se desprende de esto que, si con
alguna virtud tiene que ver la facultad de perdonar, es con la
misericordia, aunque también mantenga un parentesco cercano con la
generosidad (que es la virtud del don). Ninguna de las dos es innata:
ambas se alcanzan básicamente a través del conocimiento, tanto de los
otros como de uno mismo… (...)
EL PAIS. Opinión 16/03/04

