Vae Victis

¡Ay de los vencidos!

[Orquídeas secas - Francisco Javier Garín]

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Ilustración: Francisco J. Garín §
Diseño: Joaquín Bernal §


Mayo de 2004

Pina BAUSCH§

pina2.jpg

Fotografía Francesco CARBONE

w

29/05/2004 · 00:00 - Editar

Sin título§

Mi mano derecha un perro
tu mano izquierda otro perro.

Las perras

Tu mano derecha mi mano izquierda
mi mano izquierda tu mano derecha.

Camino a casa.

28/05/2004 · 00:00 - Editar

Sin título ( Fúgido para Jörg Bassler)§

Nadie más acariciador que yo de la soledad. Un rumor. ¡Vae Victis!, un rumor.
La soledad tiene ecos, que sólo la soledad conoce. Oníricos, sin duda.

http://blogia.com/www.adamar.org

27/05/2004 · 00:00 - Editar

Sin título§

El sueño venció al inquisidor.

Mecida la palabra
en el silencio
Juan y Teresa
cerraron los parpados
mirándose

La aurora rompió loca

25/05/2004 · 00:00 - Editar

Boda Real en España§

Bosque de los ausentes def.jpg

¡Una flor, Altezas, una flor!

Bosque de los Ausentes. Glorieta de Atocha. Madrid

23/05/2004 · 00:00 - Editar

de Isaias GARDE§

No fue una estrella

fugaz
mon amour

fue Hiroshima.

http://isaiasgarde.tripod.com>

Publicado en la Lista UTOPOESÏA. 22de Mayo del 2004

22/05/2004 · 00:00 - Editar

de Riforfo REX ( Una historia extraña)§

Mientras bebes no respiras. Por eso mueres cuando te ahogas y no porque
tragues agua. No he tenido nunca ocasión de ahogarme, pero conocí una
vez a una que sí. Yo estaba sentado en una apartada playa, mirando el ir
y venir de las olas cuando una chica salió del agua. Le chorreaban las
ropas y el pelo. Se sentó junto a mí y me dijo: “Ahí abajo conocí a
Martin Eaden”. “Eso no puede ser, dije yo, es un personaje ficticio”.
Entonces apareció la chica que había venido conmigo, en las manos traía
un libro de Jack London. No se separaba de él.

“Siento haber tardado, dijo, el tráfico estaba imposible”.
“Espero que hayas dejado bien aparcado el auto” respondí yo mientras me
levantaba y la besaba. “¿Qué haces?”, preguntó. “Estaba esperando a una chica, pero tú me vales igual. ¿Qué me has
traído?”.
“Yo no he traído nada, pero este libro te me ofrece como regalo” Era,
claro está, Martin Eaden. “¡Qué bien, me lo quedo! ¿Ahora qué, tengo que leer el libro y pasar de
ti hasta que me vaya a casa y te me lleve conmigo?”
“Supongo que eso es lo más cortés, pero prefiero que seas mal educado y
que me disfrutes ahora”
“Perdone usted, don Martín” y me lancé a besarla. Mientras lo hacíamos,
y en un momento en que abrí los ojos, porque yo beso con los ojos
cerrados, vi. cómo la ahogada volvía a salir del agua, se acercaba a
nosotros, cogía el libro y se volvía al mar.
“Si no fuera porque estoy empalmado me meaba ahora mismo”, dije con la
boca llena. Entonces ella se puso a reír y ya no pudimos continuar.
“Vamos a bañarnos” dijo, y comenzó a desnudarse.
“Fíjate que yo preferiría quedarme leyendo”, respondí con cierto reparo,
mirando el lugar donde había estado el libro y siguiendo luego con la
mirada el rastro de pisadas y humedad que desaparecía en la orilla.
Ella, desnuda, corrió hacia el agua y desapareció dentro. Yo esperé un rato, mucho rato. Cuando el sol levantó una mano verde por
el horizonte para despedirse me dirigí muy despacio hacia el coche.
21/05/2004 · 00:00 - Editar

Sin título§

Por el crémor afrutado, dulcísimo
de tu hondo. Tibia horchata
de letargo. Hasta el dédalo
amistado a mi vaharada.

20/05/2004 · 00:00 - Editar

de María ZAMBRANO.§

(…) El contemplativo, hoy a menudo llamado
neurótico, angustiado. Pues que la angustia indispensable para ser
hombre se confunde ahora con la enfermedad, un padecimiento que el
contemplativo no puede contener, con la angustia incontenible. Y se
olvida ante todo que el hombre, sin más, es contemplativo aunque sólo
sea en la modesta medida en que mira y recibe algo de esa incompleta,
mas cierta, visión que su breve mirada le procura. Contemplativo en
sentido preciso es solamente el dado a prolongar esa mirada, el amante
de la mirada que proporciona al par visión y alimento: aquel que fía en
el alimento que su mirada primera, inicial, y ya por eso, iniciadora,
le trae. El otro, el azancado hombre de hoy y de antes, el obligado y
esclavo cuando se le ignora, ése fía solamente en la acción y a la que
confía la suerte del día, de su alma, y a esa espectral acción entrega
la llama del día y su hermosura. Y así se vuelve espectro. (…)

de “LA AURORA”. Editorial Tabla Rasa

17/05/2004 · 00:00 - Editar

El Tejado§

el tejadosi.jpg

1960-

Seis años

16/05/2004 · 00:00 - Editar