[...] Se ha pensado durante mucho tiempo que la pregunta básica a un texto era ¿qué se dice? (ideas, significados, tópicas, contenidos), y no, necesariamente ¿qué se escribe? (géneros, mapas clasificatorias, disciplinas, asignaturas), o ¿quién escribe? (lugar, circunstancia, pasado, historia, clase, estrato, etnia). Si estas preguntas habían sido desplazadas (ahora se ha teorizado y se teoriza largamente sobre ellas), las preguntas verdaderamente elididas, nunca hechas, fuera de todo interés, evidentemente, son ¿quién lee? O ¿qué lee (ése que lee)?
Nadie, ninguna ciencia, ninguna literatura, se interroga mayormente sobre la condición lectora (si bien se suele hablar de adquisición, de habilidades o capacidades lectoras, etc.).
El problema es doble: no hemos advertido, mayormente, la materialidad del texto o de la escritura, y deberíamos estar en condiciones de advertir la materialidad de la lectura.
Mi condición, geopolítica de la lectura, parece ser fatalmente crítica, interpretativa: debo hacerme cargo del drama de mi propia opacidad, de la conflictividad y las verdaderas tormentas que esconde mi pasividad lectora, mi obediencia. [...]
Publicado orignalmente en La República de Platón, Nº 63