deben entrar los pájaros
por las ventanas de los hospitales
cantar a los reciensalidos
del quirófano
dar un leve aleteo
sobre la almohada
Con eso vasta.
lo peor son las visitas humanas
de más de cuatro horas
y los santos oleos antes de tiempo
el chocolate, la sal,
las dianas cazadoras de plástico,
las viseras luminosas, los loros,
quedan prohibidos.
Incordiando, variando
el tiempo de coagulación
de los estados felices
intercalando esos suspiros oscuros
de damas de astracán
que hacen chasquear la lengua
a parientes lejanos
y todo este embrollo de las intrigas
inventadas con motivo de
una pierna rota, un divorcio,
el mal aliento y otras cosas.
Doña Justina se llama Rufa
eso es lo que no entiendo
si fuera así, se llamaría Rufína
ella conoce el caso de los dos hermanos
unidos por la espalda y cómo andaban,
al contrario de los hermanos macabeos
que iban sueltos y santos.
Variando, desbarrando, alterando el
grado de coagulación del brazo derecho
sacando aliento de una pierna que no está
de un motorista que tuvo
mala suerte, derrapó, y era rubio.
Intercalando entre año y año
viajes en ambulancia con asientos duros
de cuero sintético negro y un tubo de oxígeno
de metro y medio de alto.
Extrapolando, tergiversando
el estado aglutinante coagulante
en el asentamiento de la conversación
entre una hora y otra un jarroncito barato
de una sola flor.
De metro y medio de alto
un misil de aire sano comprimido puesto en pié
haría resucitar al toro de Guernica
y a propósito, o porque le da,
llega la hora de orinar dame
el vaso. Este motorista está así:
totalmente ennortao y reperdío y
no se puede, es decir, ha tenido,
es decir, se comprende pues que
diecisiete operaciones en dos años
en el mismo puto brazo derecho
y ninguna en la pierna que no está.
Empeñado en que los sillones miran,
le molesta la visita que no está
la pierna sana amputada
los santos oleos adelantados
por lo menos dos meses.
ahora viene lo mejor
la hora de los masajes, todo un poema
cuando se duerme el trigo al atardecer
y hay ya luces
en todas las ventanas de enfrente.
Entran los pájaros blancos
de las gotas que tienen que llover
de parte de la luna
y la enfermera con mano de paloma de trapo
jugando con las ventosas del cable
del sensor electrocardiograma
viajando por la pierna que no es
como si lo fuera o tuviera
síndrome de pertenencia
a costa de la ausencia y canta.
No le gustan las visitas
ovejunas de astracan que vienen
y no se van. Prefiere
oxígeno líquido estático cardíaco
en envase de fierro a prueba de narices
o el plumón mortecino
del almohadón que la noche liberó.
el balón de la respiración
canta una canción mágica
con algunos pitidos
de gaitas cantábricas.
Necesita urgentemente un bote de mermelada
el silencio se ha vuelto muy seco o le parece
esperando para la unción extrema
adelantada nueve meses.