de Berna WANG.§
No se trata tanto de averiguar las respuestas a las preguntas, como de saber cuáles son las preguntas cuya respuesta no importa conocer.
No se trata tanto de averiguar las respuestas a las preguntas, como de saber cuáles son las preguntas cuya respuesta no importa conocer.
Rosa hasta el fin
de la dura
jornada terrestre
el gesto que acoge
una luz transparente
purísimos ojos tuyos,
digo qué mundos callados
habitan ahora,
qué incierta pregunta
gravita su dado de oro
en las almas que cuidan
el jardín de la memoria
más tuya
Es absurda la noche
preñada de dolor
es absurdo sufrir tanto
por la luz.
Lissy es luz,
desierto su ausencia
y absolutamente absurda
la marchita oquedad
de la impotencia.
Fue al alba,
perdona por la hora.
Tus párpados del sueño callaban
debajo de mi almohada
y al irrumpir la luz primera
se dibujó en el blanco
tu entrecejo fruncido
y tu voz murmuró unas palabras.
En el candil
dejaste un gesto de fatiga
y luego
tu mirada me llamó
desde las rosas.
Corrí a abrazarlas
y me senté a la mesa
y en el papel vacío
seguí los trazos
que tu mano deslizaba.
Desenredó del miedo
el oculto sentido,
del miedo a ya no ser para ser con,
del miedo a no saber
si uno podrá abarcar esa divina mutación
de ser en uno dos,
siendo arrancado
y arrancando así al otro de la muerte.
Y en la página
tomó vivo sentido
la palabra resurrección.
“Kampa I – Antología personal”
locura –
locura por –
por –
cómo se dice –
locura a causa de esto –
dado –
locura a causa de todo esto –
dado –
locura dado todo esto –
visto –
locura visto todo esto –
esto –
cómo se dice –
este esto –
este esto de acá –
todo este esto de acá –
locura dado todo esto –
visto –
locura visto todo este esto de acá –
por –
cómo se dice –
ver –
entrever –
ver entrever –
necesitar parecer entrever –
locura por necesitar parecer entrever –
qué –
cómo se dice –
y dónde –
locura por necesitar entrever qué dónde –
dónde –
cómo se dice –
allí –
allá –
por allá –
lejos –
lejos por allá –
apenas –
apenas lejos por allá qué –
locura por necesitar parecer entrever apenas lejos por allá qué –
qué –
cómo se dice –
cómo se dice
La rosa de mármol inmensa y blanca estaba sola en la plaza desierta donde las sombras se prolongaban hasta el infinito. Y la rosa de mármol sola bajo el sol y la estrellas era reina de la soledad. Y sin perfume la rosa de mármol sobre su tallo rígido en la cima del pedestal de granito chorreaba entre todas las olas del cielo. La luna se detenía pensativa en su corazón glacial y los deseos de los jardines los deseos de mármol a sus pétalos venían a probar sus senos fríos.
La rosa de vidrio resonaba en todos los ruidos del litoral. No era un sollozo de ola quebrada que la hizo vibrar. Alrededor de su tallo frágil y de su corazón transparente los arco iris giraban con los astros. La lluvia resbalaba en bolas delicadas sobre sus hojas a las que a veces el viento hacía gemir con espanto de los arroyos y de las luciérnagas.
La rosa de carbón era un fénix negro que la pólvora transformaba en rosa de fuego. Pero sin cesar nacida en los corredores tenebrosos de la mina donde los mineros la recogían con respeto para transportarla durante hacia el día en su sangre de antracita la rosa de carbón velaba a las puertas del desierto.
La rosa de papel secante sangraba a veces durante el crepúsculo cuando el atardecer a sus pies venía a arrodillarse. La rosa de secante guardiana de todos los secretos y mala consejera sangraba una sangre más espesa que la espuma de mar y que no era suya.
La rosa de nubes aparecía sobre las ciudades malditas a la hora de las erupciones de los volcanes a la hora de los incendios la hora de los tumultos y por encima de París cuando la Comuna allí mezcló las venas irisadas del petróleo y el olor de la pólvora. Ella fue bella el 21 de enero bella el mes de octubre entre el viento frío de las estepas bella en 1905 a la hora de los milagros a la hora del amor.
La rosa de madera presidía los patíbulos. Florecía en lo más alto de la guillotina y después dormía en el musgo a la sombra de los hongos.
La rosa de hierro había sido batida durante siglos por los forjadores de relámpagos. Cada una de sus hojas era como un cielo desconocido. Al menor golpe ella producía el ruido del trueno. Pero qué dulce era a las amantes desesperadas la rosa de hierro.
La rosa de mármol la rosa de vidrio la rosa de carbón la rosa de papel secante la rosa de nubes la rosa de madera la rosa de hierro volverán a florecer siempre hoy están deshojadas sobre tu alfombra.Traducido del francés por Gonzalo Hernández Sanjorge