de S. BECKETT: Quiebros y poemas.§
Escúchalas
sumarse
las palabras
a las palabras
sin palabra
los pasos
a los pasos
uno a uno.
Árdora ediciones. Madrid, 1998.
Escúchalas
sumarse
las palabras
a las palabras
sin palabra
los pasos
a los pasos
uno a uno.
Árdora ediciones. Madrid, 1998.
En este “gran dormitorio”, como llama un texto taoísta al universo,
la pesadilla es la única forma de lucidez. –
Pongo un vaso y una flor
en la mesita atestada junto a su cama,
pero él no los mira.
En realidad lo hago para mí.
La vida todavía debe ser para mí,
el viento que insiste en abrir la ventana
aún puede dejar un poema en la escudilla.
La crueldad de haber arrancado la flor
a su madre planta, para mi egoísmo – verla morir en un escenario sórdido-
es un anzuelo limpio (carece de rencor.)
Del otro lado, la bolsa de sangre lanza
destellos azules, mal copiados, de mi flor.
Para avisarme que ella es la vida por ahora:
una paciencia de color azul.
(La lluvia que veo caer sobre los tubos
de oxígeno en el patio, también es para mí.)
Orgia. Hay tantas marcas en tu aliento
de un cuerpo que tuve hace mucho.
Como un animal, deslizaba las uñas
sobre su carne, ¡sangre al fin, para
certificar su estado!
Como un animal, no alado como excepción,
¡maldita ave de muerte!, sobre su carne
certificaba su estado, su sueño, su existir.
Ave maldita, ave de muerte, su existir
para certificar su estado: sangre al fin, sí,
como animal no alado, certificando su estar,
su muerte certificando.
“La poesía es inmensa como la vida. En su espacio no existen límites,no existen prohibiciones…
El poema surge de una necesidad de ahuyentar el silencio, de un mandato que viene de la prehistoria. Escribiendo poesía, se hace, sin saberlo, una lucha cuerpo a cuerpo con la muerte. Y cuando decimos muerte no entendemos solo la muerte física, sino también todas las formas de la muerte: la opresión, la esclavitud, las aspiraciones que no se cumplen,todo eso constituye una diaria ejecución, una muerte cotidiana. ”
Trázalo ya,
tú
que ejercitas la magia
sobre la cimitarra y, aún,
sobre la herida.
Trázalo ya;
pues has adivinado el flujo
de la gárgola, antes que el cielo
en ella se vertiese.
Trázalo ya,
Sayyide, Mulaya,
y derrama en mi oido
las claves para habitarlo;
sus plantas y alcobas,
sus corredores, cimientos y azoteas.
Trázalo ya,
tú
que ejercitas la magia,
ese recinto que avecinemos.